La categoría
género es el resultado más elaborado de lo que se conoció dos décadas atrás
como estudios de la mujer. Se trata de una intervención teórica dentro de las
ciencias sociales, en principio, que ayuda a clarificar el panorama analítico
de la constitución teorética de las ciencias sociales, que toman, hasta cierto
punto una actitud natural[1]
frente a la diferencia hombres-mujeres; al formalizar como objeto de estudio a
la mujer en principio, plantea una revolución en los núcleos teóricos y
metodológicos de las ciencias sociales, problematizando en un primer momento,
que la estructura de los estudios sociales se hallan inmersos en un proceso social que reafirma
constantemente la dicotomía simbólica de género, por ser este un elemento que
instituye el orden social.
El planteamiento
que haremos, es seguir la línea que trazamos a partir del capítulo anterior, es
decir, tomaremos a la sociología relacional, como un punto de observación
sociológica, sumando a ello, la propuesta teórica hecho por Joan W. Scott, para
quien el género es una categoría analítica útil al análisis histórico. Partir
de este posicionamiento, nos permitirá
ver las articulaciones del género como un elemento social diferenciado y
diferenciador, a la vez que se le observa con un objeto analítico de interés
sociológico, el cual abre diversas lineas de investigación, las cuales permiten
entablar un dialogo con otras áreas de pensamiento, pero sin renunciar a las
fuentes de donde emerge la preocupación inicial. El fin que se persigue, es
llevar al análisis sociológico los estudios de género, para incorpora el
potencial heurístico de una categoría que ha sido retomada como un elemento
adyacente al análisis de la realidad social; como categoría de análisis, abre
toda una línea de investigación, que trae consigo nuevos objetos, sujetos y
saberes, que constituyen la forma del conocimiento con potencial multi, inter y
trans disciplinario.
La discusión
sociológica ha sido presa del momento político del movimiento feminista, y de
la preocupación en cuanto a la presencia pública que tiene el discurso
feminista; como toda disciplina social que ha sido atravesada por el feminismo,
algunos estudios sociológicos se ha enfocado fundamentalmente en lo que se
conoce como la perspectiva de género, tarea que sin duda ha sido fundamental
para nutrir el campo de investigación y visibilizar nuevas perspectivas con
incidencia más política que epistemológica; sin embargo para los objetivos de
este trabajo, no habremos de situarnos en este tipo de enfoque; no se pretende
revisar el paradigma sociológico y desde ahí asumir una posición con la cual se
problematice con “perspectiva de género”; no pretendemos decir que esta tarea
no sea importante, sin embargo nuestro objetivo es ubicar las discusiones de género, como un
cumulo de estudios y reflexiones teóricas[2]
las cuales son transversales al análisis sociológico. Nuestra pretensión es
analizar cómo esta convergencia de saberes
inauguran un nuevo campo disciplinar dentro del campo científico.
Desde nuestra
óptica hay dos formas de trabajar la categoría de género, y además es posible
hacerlo desde nuestro mirador: la Sociología Relacional; el primer abordaje consiste
ubicar las interdependencias sociales, las configuraciones de relaciones
entre diferentes agentes sociales, que hacen sea un ordenamiento simbólico,
normativo, institucional y catéxico; esta forma de abordaje, es común
encontrarla en la mayoría de trabajos sobre género y sus implicaciones sociales
y en nuestro caso, los autores sociólogos que trabajamos, problematizan la
diferencia sexual[3]
como un eje analítico de la vida en sociedad, como un ordenamiento de las
dinámicas sociales que se sustentan en esta diferenciación. El segundo momento, lo constituye el desarrollo
del siguiente capitulo: analizar como la categoría género desemboca en una
serie de estudios y como estos, nos permiten visualizarlos como un campo
disciplinar.
En este sentido resulta
pertinente problematizar el uso que se ha dado al género dentro de las teorías
sociológicas que toman la diferencia sexual como un elemento proveniente de la
dinámica cultural, antes que una forma “natural” y por tanto funcional del
orden social. Es así que dentro de
nuestro ejercicio analítico, habremos de retomar los textos donde nuestros
autores demarcan la diferencia sexual y que a nuestro modo de ver son
fundantes, para una sociología la cual incorpora al género, de manera
indirecta, como categoría analítica; son textos que aproximan una serie de
discusiones, que a la luz contemporánea, (aunque desconocida) reúnen las
preocupaciones que hoy en día son latentes en buena parte de la literatura de
los estudios de género: Cultura Femenina y Filosofía de la Coquetería de Georg
Simmel, El cambiante equilibrio de poder entre los sexos y el Proceso
Civilizatorio de Norbert Elías, La Dominación Masculina y el Sentido Práctico
de Pierre Bourdieu.
La utilización
del género como categoría analítica ha
demarcado las sucesivas transformaciones conceptuales que han impactado a las
ciencias sociales, de ser un elemento descriptivo de una forma natural (Sexo)
homologada socialmente (Género), a la
transformación en un concepto el cual delimita un objeto y un tipo de abordaje
de ese objeto.
El feminismo tuvo
la virtud de mostrar que ser hombres o mujeres no eran atributos naturales, los estudios de género
cuestionaron la pretensión de un momento del feminismo de establecer a la
cultura como un artificio de la naturaleza. Sin ser su pretensión, echaron por
la borda la eterna discusión dicotómica Sociedad/Naturaleza, Sociedad/Cultura;
de esta manera al tomar a la categoría género, se reconfigurarón las formas en
que las diferencias entre hombres y mujeres se abordan, no podían ser
encasilladas bajo el paraguas de la
desigualdad social, ni bajo el esquema de dominación-subordinación, sino
a través de las dinámicas relacionales que se establecen dentro del sistema de
géneros; destronando con ello, la forma en que se pretendía que el género solo
fuese una representación cultural de la diferencia sexual, teniendo al sexo,
como un dictum natural, en vez de una construcción social.
De esta manera el
concepto género desarticula una serie de desplazamientos que se suceden de la
diferenciación sexual a través de disposiciones con las cuales se organiza la
sociedad producto de formas simbólicas y de ahí a constitución de relaciones
sociales, siendo el género una forma primaria significante de poder
(Scott;1986). De esta manera vemos como, hay dos momentos de su articulación,
por un lado es una explicación significativa relacional, que nos dice el
estadio de las interacciones entre individuos, al momento que nos dice como lo
social entiende y regula esas interacciones.
Joan Scott,
propone estudiar al género como categoría analítica porque a tráves de sus uso
conceptual, vemos cómo operan los símbolos culturales, los conceptos normativos
que regulan el uso de esos símbolos (ideologías, religión, ciencia, etc),el
nivel institucional, donde se demarca y se organiza a través de las
organizaciones sociales, (parentesco, familia, política, economía, en síntesis el orden del discurso) y el nivel
subjetivo entendido como el nivel donde se forma la identidad y la agencia.
Como relación significativa primaria de poder, el género constituye una una forma originaria de
construir la diferencia como un significante de la regulación del poder a
través de la percepción, y organización concreta y simbólica de la vida social
(Bourdieu).
El género es una
forma de poder, pues no solo es un principio significativo de poder, sino un
elemento fundante, una producción del mismo vía el orden cultural, a través de
la legitimación de las oposiciones binarias (Masculino/Femenino. Claro/Oscuro),
las cuales constituyen la base de las relaciones sociales
Scott por otro
lado nos aporta otros elementos que nos
permiten visualizar, al género como una
forma simbólica que es instituida e instituyente de la vida social y haciendo
con ello problemático las formas masculinas y femeninas, como una serie de
figuraciones universales de la sociedad humana,
con la cual surgen tipos de identidad y acciones que son interiorizados
y puestos en práctica, actuados y reactualizados constantemente en el
transcurso de la vida.
El elemento
simbólico es donde se establecen las formas de representación de los diversos
órdenes de masculinidad y feminidad; siendo ambas un proyecto diferenciado y
diferenciador entre ambos; las formas de representación corresponde las formas
figuracionales de lo que ser hombre o mujer representa, a través de la práctica
de valores, roles, discursos y formas de acción que las definen. En este sentido las formas de masculinidad y feminidad subyacen a esta
estructura, que les permite estructurar relaciones de género en tanto actúan
ciertos valores respecto a las mujeres, siendo su agencia limitada a las formas
de lo permisible culturalmente se acepta es la mujer y el hombre..
El nivel
normativo analiza dentro de la categoría género, los valores, discursos y prácticas que son
interiorizados siendo la simiente de la subjetividad y de la agencia, o como lo
denominaría Pierre Bourdieu Habitus ,
es decir las series de disposiciones duraderas que determinan nuestra forma de
sentir, de construir y de preciar el mundo (Cfr, Pierre Bourdieu). Lo normativo
disciplina al cuerpo y le asigna una forma y un sentido determinado para lo
masculino y lo femenino, de esta manera se estructuran ordenes, y valores que son
representados al nivel de la corporalidad. Aquí juegan un papel importante la
ciencia, las disciplinas, las artes, los saberes populares y otras formas desde
las cuales habla la cultura y la sociedad, y que conforman una serie de discursos
y prácticas corporales con las cuales se sintetiza lo que los humanos deben ser
respecto a su presentación sexo-genérica.
El nivel
institucional delinea los procesos que la categoría Género visualiza en la
conformación y organización de las estructuras del Estado y la Economía
política; las relaciones de poder y dominación que subyacen subrepticiamente a
la forma política de organización de la sociedad, y como esta
organización estatal genera las condiciones de la dominación de lo masculino como el eje
privilegiado de la vida pública, toda vez que la producción de bienes y la
reproducción de la sociedad provienen de la cultura andrarquica[4]
como proyecto organizativo de la sociedad.
El nivel
subjetivo hace que la categoría Género muestre la marca de la psique, el nivel
particular, el lugar de la representación propia, donde lo interiorizado se
expresa diferenciándose e identificándose en referencia a los modelos de
masculinidad y feminidad. Donde lo que se
ha hecho cuerpo es puesto en práctica y es la forma discursiva con la que se
expresa la identidad.
[1] El concepto de Actitud
Natural tiene una lectura de suma
importancia en la discusión sociológica y filosófica, su primer articulador es Edmund Husser,
seguido por Alfred Schütz y retomado tanto por el Interaccionismo simbólico
(Erving Goffman) y la Etnometodología (Harold Garfinkel). Para ellos la actitud
natural consistente en aceptar como existente el mundo
en el que vivimos, es
la relación que establecemos con el mundo sin problematizarlo,
[2] En este sentido recupero la
discusión de Guillermo Nuñez Noriega respecto de la llama da “Teoría
QUEER”, Para él no es una teoría en
tanto no postula ley alguna, pero si es un cuerpo de reflexiones vinculado a
las teorías sociales y participa de los debates teóricos actuales. Lo mismo
aplica a los estudios de género, se vinculan a teorías y estudios de las
ciencias sociales y la filosofía, participan de los debates teoréticos. Pero se
puede añadir una cosa tanto a los Estudios de Género y los Estudios QUEER, sus
forjadores son formados en las disciplinas sociales, dichos estudios son un
elemento de especialización de esa formación, unas gafas más que añaden a las
gafas disciplinares.
[3] Si bien los estudios de
género contemporáneos hacen incapie que la diferencia sexual es social y es diferente de la diferencia
genérica, Por cuestiones histórico-espaciales habremos de hacer una homología a
fin de visibilizar como el trabajo de Simmel, Elías y Bourdie, trabajan la relación
genérica en términos simbólicos y sociales, lo que podríamos entender dentro
del sistema sexo-género-deseo, esto también para hacer evidente que la
dicotomía sociedad/cultura, solo es un falso problema analítico, no se puede
pensar a la cultura fuera de la sociedad y viceversa, por tanto no son dos
momento de la vida, sino una interrelación de como se presenta esa vida.
[4] Utilizaremos los conceptos
“Andrárquico” y “Ginarquico”, como lo recomienda Norbert Elías, pues menciona
que las formas tradicionales “Patriarcado” y “Matriarcado”, solo refieren a la
capacidad de hombres y mujeres en tanto padres y madres; los propuestos por él,
refiere al dominio ejercido por hombres o mujeres, el cual es diferente del
gobierno de padres y madres o en muchos casos las correspondencias son difusas.
Vgr Elías Norbert; El Cambiante
equilibrio de Poder entre los sexos (2ª nota al pie)

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