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martes, 11 de marzo de 2014

A propósito de esta nota, me llama la atención la discusión del Dr Drucker Colín respecto al desconocimiento del uso social de la ciencia, lo cual me remite a pensar en cómo se piensa a la ciencia desde quienes se supone hacen ciencia. Como un elemento propio de las sociedades modernas, la ciencia tiene una autonomía relativa, la cual permite observar elementos que constituyen una fuente de conocimiento sobre determinados procesos, sean químicos, físicos, magnéticos, geológicos, sociales, etc. Y por tanto responder sobre esos procesos. Sin embargo los resabios de la teoría tradicional, asoman en lo expuesto pro el Dr Drucker, la ciencia como arma, como dictum último, como mero resolusor de problemas.

Si bien la ciencia al dar respuestas a determinados procesos, escapa al deber ser, no es su función resolver problemas, la misma sociedad tiene instituciones que operan en ese sentido. En el caso más cercano, la sociología ha sido una ciencia "obligada" a resolver problemas, en tanto los mismos sociólogos la aprenden como una filosofía social encargada de solucionar los problemas morales, éticos, organizativos, etc., de la sociedad antes que concebirla como lo que es "una ciencia de la sociedad".

Lo anterior no resulta extraño si observamos el desempeño de las instituciones académicas y de los propios académicos, influidos más por las tentaciones del profetismo, que por un decidido interés por acumular capitales y permitir el avance de la ciencia.  

http://www.jornada.unam.mx/2014/03/11/ciencias/a02n1cie

domingo, 9 de marzo de 2014

El Colegio Nacional

Los títulos escolares tienen como función simbólica distinguir dentro de un espacio sacralizado -en este caso el Colegio Nacional- a aquellos  quienes logran acumular un capital cultural, simbólico, etc., de aquellos quienes quedan relegado al espacio profano de las disciplinas del campo académico. Este proceso se sucede a partir de reglas, normas y condiciones generadas social e históricamente dentro de los espacios académicos, donde se la formación de profesionales trae consigo la  construcción de un comunidad de élite experta en un conocimiento particular. 

Ser consagrado dentro de las instituciones más importantes -en términos simbólico de tradición- esparte de un proceso y un estado social  que generan distinciones entre quienes participan en las dinámicas colectivas dentro del campo académico e intelectual, reproduciendo la separación simbólica y por ende social, de quienes tienen mas posibilidades (Capital) respecto de quienes no logran ese reconocimiento como parte de dichas comunidades. 

Recientemente ha llamado mi atención los procesos de elección de miembros del Colegio Nacional, motivado por las lecturas de las cátedras inaugurales de algunos de sus miembros, quienes han logrado tal acumulación de capitales dentro de sus respectivas disciplinas, lo que ha derivado en la designación de un lugar dentro de ese espacio sacralizado. Me interesaría destacar una investigación sobre el Colegio Nacional como espacio donde confluye la intelectualidad, la política y los proyectos de nación que se disputan tras bambalinas. 

La hipotesis de la cual parto es  la estructura y perfil de los miembros; la elección obedece más a un reconocimiento derivado  por la presencia dentro de los debates nacionales y en menor medida por los titulo académicos acumulados, como es el caso de literatos, historiadores y algunos miembros provenientes de las ciencias sociales; y de una anera más veladael caso de  los representantes de las ciencias "duras": astrofísicos, médicos, psiquiatras, etc, su elección puede decirse es más apegada a la presencia académica, en tanto pesa más la relevancia e importancia de sus obras dentro de cada disciplina, aunque su nivel de incidencia política se ha destacado más en la defensa de los presupuestos asignados a la ciencia: