A propósito de esta nota, me llama la atención la discusión del Dr Drucker Colín respecto al desconocimiento del uso social de la ciencia, lo cual me remite a pensar en cómo se piensa a la ciencia desde quienes se supone hacen ciencia. Como un elemento propio de las sociedades modernas, la ciencia tiene una autonomía relativa, la cual permite observar elementos que constituyen una fuente de conocimiento sobre determinados procesos, sean químicos, físicos, magnéticos, geológicos, sociales, etc. Y por tanto responder sobre esos procesos. Sin embargo los resabios de la teoría tradicional, asoman en lo expuesto pro el Dr Drucker, la ciencia como arma, como dictum último, como mero resolusor de problemas.
Si bien la ciencia al dar respuestas a determinados procesos, escapa al deber ser, no es su función resolver problemas, la misma sociedad tiene instituciones que operan en ese sentido. En el caso más cercano, la sociología ha sido una ciencia "obligada" a resolver problemas, en tanto los mismos sociólogos la aprenden como una filosofía social encargada de solucionar los problemas morales, éticos, organizativos, etc., de la sociedad antes que concebirla como lo que es "una ciencia de la sociedad".
Lo anterior no resulta extraño si observamos el desempeño de las instituciones académicas y de los propios académicos, influidos más por las tentaciones del profetismo, que por un decidido interés por acumular capitales y permitir el avance de la ciencia.
http://www.jornada.unam.mx/2014/03/11/ciencias/a02n1cie
Si bien la ciencia al dar respuestas a determinados procesos, escapa al deber ser, no es su función resolver problemas, la misma sociedad tiene instituciones que operan en ese sentido. En el caso más cercano, la sociología ha sido una ciencia "obligada" a resolver problemas, en tanto los mismos sociólogos la aprenden como una filosofía social encargada de solucionar los problemas morales, éticos, organizativos, etc., de la sociedad antes que concebirla como lo que es "una ciencia de la sociedad".
Lo anterior no resulta extraño si observamos el desempeño de las instituciones académicas y de los propios académicos, influidos más por las tentaciones del profetismo, que por un decidido interés por acumular capitales y permitir el avance de la ciencia.
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