https://docs.google.com/spreadsheet/pub?hl=en_US&hl=en_US&key=0As-iEqDin6sedGpqMVNfRUFxaEJaaGRzdGVBOGFnOFE&output=html
Cada 8 de Marzo veo que muchas de
mis colegas se congratulan por el día de la mujer; y no evito pensar en la
terrible y pesada materialidad, del peso ideológico que trae consigo
posicionarse como feminista, sean de izquierda, centro, derecha o todo lo contrario.
Y eso implica recordar como algunas de mis colegas, aun habiéndonos formado
dentro del feminismo y otras junto a
nosotros en estudios de género (que ambas cosas no son lo mismo), no son
capaces de romper con ciertos Habitus y
con cierta Illusio que resultan más
opresivos, que la dominación clara y directa. Recuerdo que muchas de mis
colegas me han dejado de hablar por la naturaleza que implicaba nuestra amistad
y que sin decírmelo chocaba con sus compromisos afectivos: entiéndase ahorrarse
broncas con sus parejas, respetar el pacto social de la pareja.
Otros recuerdos es estas
posiciones todopoderosas intelectualoides (tipo Martha Lamas) que se autorizan
a defender el género y establecer la anhelada igualdad, cuando en otros planos
la vida se las resuelve otra mujer, adormeciendo cierta relación de poder bajo
el discurso de que se “le da el chance a
otra mujer (generalmente) que se gane un dinero para sostener a su familia”,
en síntesis lo que en alguna parte de mi inconclusa tesis denomino: la autorización
para hablar y posicionarse del feminismo. Es decir le dan chance, la autorizan
en un reconocimiento laboral, pero no la emancipan de las relaciones de
explotación y subordinacio (el trabajo doméstico es visto aun degradante y mal
pagado, ya ni que decir de quienes trabajan en las empresas de limpieza)
Pero también recuerdo que decidí
estudiar la género, lo hice deslumbrado si por la novedad del campo e que se
implican, pero más porque recuerdo que han sido las mujeres de mi familia las
que han dado forma a mi percepción respecto de hombres y mujeres, no desde un
discurso sumamente elaborado, sino en la enseñanza cotidiana, en el quehacer
diario donde ser hombre o mujer no ha implicado una diferencia para hacer las
cosas, sino solamente en la capacidad para percibirte como un individuo que
decide poder o no hacer cosas, sin que implique esa sensación de dejar d ser
hombre o mujer por no hacer lo que socialmente se espera de uno ; y que
casualmente esas mujeres que no son sociólogas o alguien con estudios
universitarios, han comprendido el leitmotiv de nuestra amistad, sin que
represente un peligro con sus compromisos afectivos.
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