Los títulos escolares tienen como función simbólica distinguir dentro de un espacio sacralizado -en este caso el Colegio Nacional- a aquellos quienes logran acumular un capital cultural, simbólico, etc., de aquellos quienes quedan relegado al espacio profano de las disciplinas del campo académico. Este proceso se sucede a partir de reglas, normas y condiciones generadas social e históricamente dentro de los espacios académicos, donde se la formación de profesionales trae consigo la construcción de un comunidad de élite experta en un conocimiento particular.
Ser consagrado dentro de las instituciones más importantes -en términos simbólico de tradición- esparte de un proceso y un estado social que generan distinciones entre quienes participan en las dinámicas colectivas dentro del campo académico e intelectual, reproduciendo la separación simbólica y por ende social, de quienes tienen mas posibilidades (Capital) respecto de quienes no logran ese reconocimiento como parte de dichas comunidades.
Recientemente ha llamado mi atención los procesos de elección de miembros del Colegio Nacional, motivado por las lecturas de las cátedras inaugurales de algunos de sus miembros, quienes han logrado tal acumulación de capitales dentro de sus respectivas disciplinas, lo que ha derivado en la designación de un lugar dentro de ese espacio sacralizado. Me interesaría destacar una investigación sobre el Colegio Nacional como espacio donde confluye la intelectualidad, la política y los proyectos de nación que se disputan tras bambalinas.
La hipotesis de la cual parto es la estructura y perfil de los miembros; la elección obedece más a un reconocimiento derivado por la presencia dentro de los debates nacionales y en menor medida por los titulo académicos acumulados, como es el caso de literatos, historiadores y algunos miembros provenientes de las ciencias sociales; y de una anera más veladael caso de los representantes de las ciencias "duras": astrofísicos, médicos, psiquiatras, etc, su elección puede decirse es más apegada a la presencia académica, en tanto pesa más la relevancia e importancia de sus obras dentro de cada disciplina, aunque su nivel de incidencia política se ha destacado más en la defensa de los presupuestos asignados a la ciencia:
No tengo la más mínima puta idea de que pedo con El Colegio Nacional, tu entrada me obligó a entrar a su página web y consultar la historia que ellos muestran sobre “la institución”. En el primer examen hay dos cosas que son intrigantemente interesantes de principio. De entre los documentos que eligen mostrar a aquellos interesados en la historia de esta institución resaltan, la referencia al decreto de creación expedido por el señor presidente de la república: Miguel Ávila Camacho en 1943, y por otro lado, “Las palabras del maestro Antonio Caso”, publicadas en El Universal bajo el título “Libertad por el Saber”.
ResponderEliminarAmbos documentos parecen dar cuenta de la tensión esencial que vivió la ciencia en México desde principios del siglo veinte, se podría sostener la hipótesis de que la ciencia en el México postrevolucionario -y eso quiere decir hasta nuestros días-, depende estructuralmente de su relación con el poder, tanto en lo referente a la esfera de la dominación como en lo referente a sus posibilidades económicas.
Ahora bien, eso no quiere decir que la ciencia se hubiese convertido en una mera extensión burocrática de del Estado Mexicano, por el contrario, creo que desde muy temprano durante el siglo veinte la esfera académica redefinió sus posibilidades de autonomía, muestra de ello pueden ser las “palabras” de Caso. Nótese que el discurso de Caso, puede ser leído con facilidad como una manifestación de amplios procesos de redefinición de la estructura de posiciones del espacio social posterior a la institucionalización del movimiento revolucionario.
Junto con el reconocimiento de la autonomía de 1929, hubo un reacomodo de un sinfín de organizaciones y “sectores” sociales, en este caso, quienes conquistaron la autonomía para la universidad eran también grupos que, según la historia “oficial”, pueden ser identificados como parte del sector más conservador de la sociedad mexicana, o por lo menos de quienes tenían influencia en los asuntos públicos del centro del país.
No dudo para nada que El Colegio Nacional, La Academia Mexicana de la Lengua, El Seminario de Cultura Mexicana, el propio Instituto Nacional de Antropología e Historia y muchas otras organizaciones hayan emergido como parte de la inacabable negociación en la que se fundó es Estado mexicano contemporáneo. Sin embargo, dudo que el Colegio Nacional haya podido distanciarse lo suficiente como para ocupar un puesto similar al que puede ser entendido como su inspiración: El Colegio de Francia. A mi parecer El Colegio Nacional está marcado, estructuralmente desde su origen, por sus por su consustancial relación con el poder.
Habrá que ver si el Colegio Nacional es un organismo que reconozca más allá de la opinión pública, la relevancia disciplinar o sustantiva de quienes desde sus distintas áreas temáticas y de estudio son reconocidos como miembros de este “distinguido” organismo.