visitas

miércoles, 25 de noviembre de 2009

पेदागोगिया दे लॉस masculinidades

Narrativas y discursos en la Pedagogía de las masculinidades

En lo que se refiere a los asuntos
humanos, ni reír, ni llorar,
ni indignarse, sino comprender.
Baruch Spinoza

Se necesita tiempo para absorber una
experiencia hasta que se entienda no
sólo con la cabeza, sino también
con el corazón.
Junusz Korczak

Las formas variadas de entender como se estructuran las masculinidades o mejor dicho del modo como perciben las sociedades a los hombres supone una serie de aprendizajes sobre los valores, discursos, roles, y formas de entender lo que es ser hombre y el deber ser de un hombre.

Toda sociedad despliega una serie de pedagogías encaminadas a este propósito, y hablo de pedagogías las cuales, en un principio, no tienen que ver con la forma institucional de la educación formal, sino de una serie de tecnologías y disciplinas que operan en la vida cotidiana, enseñando a los hombres ciertas agencias y valores que reafirmen el conocimiento social del ser sujeto masculino. Si bien Simone De Beauvoir definió en el “segundo sexo” “que una no nace mujer, sino se hace”, este dictum es aplicable al desarrollo de las masculinidades, pues son los discursos y las prácticas sociales quienes definen y hacen ser a los hombres, lo que son.

Las masculinidades “son configuraciones de prácticas estructuradas por las relaciones de género. Son inherentemente históricas, y se hacen y rehacen como un proceso político que afecta el equilibrio de los intereses de la sociedad y la dirección del cambio social”. (Connell, 2003: 72), por tanto son disposiciones estructurales socialmente adquiridas, insertas en juegos sociales que estructuran códigos y formas de representación donde quienes detentan el monopolio de representación legitima o la masculinidad dominante, definen a los demás; siguiendo a los teóricos Seidler y Connell, el concepto no esta estructurado en todas las sociedades, la forma estructural se presenta de manera velada, todas las sociedades definen de acuerdo a sus códigos los valores de género. Las masculinidades se entenderían como procesos de figuración siguiendo, en este sentido a Elías, para quien las figuraciones son: “la serie más elemental de coordenadas que se pueden aplicar a todos los grupos humanos a todas las sociedades”. (Elías,:148) es decir las masculinidades se presentan como series figuraciones procesuales, las cuales atraviesan la historia tejiendo relaciones y significaciones primarias de poder que penetran los cuerpos mas allá de la relación espacio tiempo.

Estas disposiciones provienen de la cultura desde donde opera el espacio de acciones simbólicas y su relación con el contexto social, lugar desde donde se recrea; ella es la base estructural mediante la cual se crea y recrea la forma de ser del ser social y lo complejo de su agencia estructural, por tanto la masculinidad refiere a un proceso sociohistórico de larga duración.

Las formas variadas de entender al sujeto masculino provienen de toda una serie de procesos diferenciados, donde los cuerpos son disciplinados y normados de acuerdo a una estructura ideológica o a una seguridad ontológica, donde el género opera de forma directa como distinción real y simbólica dentro del conglomerado humano.” La masculinidad varía con los tiempos, el contexto social, las costumbres, la memoria social, el tipo de economía, el objetivo social buscado, la ideología y la conveniencia histórica que lo definen dentro de un grupos social determinado (Iturra Redondo:2003; p25.). Por ello la masculinidad apela, como todo proceso de género, a una estructura reconfigurada donde las identidades masculinas son siempre variables.

Estas formas variadas muestran la forma cambiante, mediante la cual opera la categoría de género en la estructura social, en este sentido lo masculino opera en un sentido orientado hacia los procesos estructurales y estructurantes de la sociedad que conforman y dan forma al cuerpo de los machos diferenciado respecto del de las hembras; así “El concepto de masculinidad habla específicamente de sociedades altamente diferenciadas, sin hacer menoscabo a sociedades no diferenciadas, presupone una forma particular de estructurar al género en la sociedad de manera estructurada de una forma cultural especifica partiendo de la oposición masculino/femenino”.(connell, pp104). La masculinidad no es substancia inherente al Ser, es en todo momento un proceso figuracional procesual constituido históricamente, nos habla de lo que son los hombres en un momento específico, como constituyen sus formas de existencia, de vida, de ser seres culturales, de las formas de estructurar dominios de poder: es una construcción constante, una forma de vivenciar el mundo.

Sin embargo los procesos de masculinización operan de manera inconsciente, en tanto entendemos que el ser sujeto masculino en la sociedad, apela a tener un cuerpo sexuado con genitales de macho y de ahí en adelante por las formas rituales, simbólicas y sociales con las cuales lo masculino se representa como un todo hegemónico; por tanto “ …la masculinidad tiene matices variables que es preciso entender para comprender un concepto que es dado por hecho, asumido, no pensado ni definido, un concepto que se presume a partir de las costumbres de la época, que acontece en función de quién tenga la autoridad”.(Iturra redondo; 2003:p26,) dichos procesos son parte de los saberes cotidianos con los cuales opera el sentido común, lugar desde donde la sociedad atribuye un papel determinado a quienes considera “naturalmente” hombres.

La masculinidad como todo proceso de identidad de género es una forma de ordenar el mundo, de estructurar determinadas relaciones de poder en sus distintas vertientes Foucoltianos: el poder en su forma de dominio en detrimento del conglomerado de las mujeres y la sumisión y complicidad de otras masculinidades; el biopoder como forma de subyugar el cuerpo y controlarlo; y el poder como forma de existencia, de poder ser sujeto en tanto estructura de la sociedad, en este sentido queda claro que “…las nociones de masculinidad y feminidad son construcciones culturales y conceptos occidentales que se manifiestan de forma diversa en otras sociedades, al igual que la idea de familia, a través de la cual se legitima la distribución desigual de tareas entre hombres y mujeres. (Iturra Redondo; 2003 p29) por ello masculinidad y feminidad son formas de ser sujeto, de devenir sujeto.

Los enfoques sobre la masculinidad apelan a la constitución misma de una forma de abordaje donde se implican las formas valorativas donde la masculinidad se aprecia como un hecho totalizante que define a los hombres; en este sentido voy a abordar algunos elementos que subyacen a la forma en como se abordan las masculinidades a partir de los aportes mencionados por Connell en su libro “Masculinidades”:

1-Esencialista: Apela a lo que los hombres son en sí, retoma la oposición freudiana que caracteriza a lo masculino con lo activo y a lo femenino con lo pasivo, así la masculinidad queda definida de acuerdo a un comportamiento agresivo y rudo.

2-Positivista: Define lo que los hombres son en realidad, es decir se establece un patrón estadístico de acuerdo a los comportamientos en bloques de hombres y mujeres asignándose pautas de acción a cada grupo, por tanto los hombres solo actuaran determinados tipos de valores diferenciados de los propios que definen a las mujeres.

3-Normativas: establecen un deber ser del hombre: aquí se centra mas el principio de una pedagogía de la masculinidad, puesto que al definir un deber ser, lo social estructura una forma de ser y comportarse como hombre dando pautas, enseñanzas y roles que definan propiamente a la masculinidad, así por tanto, las diferentes masculinidades se unifican mediante un modelo que los unifique y las reconfigure de forma particular, pero bajo los parámetros universalizantes de la masculinidad dominante.

4-Semiotico: Se apela a las diferencias articuladas en los discurso, definiendo las diferencias estructurales del lenguaje, es decir se define a la masculinidad como aquello que no es femenino, donde la masculinidad es la figura de la autoridad simbólica, donde el falo es el significante y la feminidad es la carencia. (Connell; 2000 pp105-109)

De acuerdo con este modelo propuesto por Connell entenderíamos que la masculinidad como elemento de género es una forma de ordenar la práctica social, los valores, los roles, la política, la economía, el ámbito de la reproducción, etc. Por tanto es un elemento que habla sobre lo que hace una parte de la humanidad, su tipo de vida y de relaciones con la otredad. Es también un proyecto de sociedad que se estructura mas allá de la temporalidad de la vida del individuo, digamos es la forma de organización en un momento determinado del ámbito de la esfera pública y la privada

La masculinidad es por tanto un orden de género a la cual le subyacen dimensiones que nos dicen como se da forma y funcionamiento al orden social; siguiendo en esta línea a Joan Scott, para quien La categoría de género proviene de una construcción analítica dentro de las ciencias humanas; que supone la constitución concreta de sujetos procesuales e interdependientes; es decir el género como categoría útil para el análisis histórico (Scott 23;1996)

A continuación bosquejaré algunas ideas que nos aportan tanto Scott como Conell, para entender algunos elementos mediante los cuales podemos ver la forma en que las masculinidades son estructuradas dentro del orden social.

Relaciones de poder: dominación patriarcal heteronormativa: legitimado por la marca de la política masculina y la organización política de la sociedad privilegiando el poder de los hombres en las áreas de organización social.

Connell define una serie de procesos que organizan el orden de las masculinidades, referidas cada una a la disposición que adquieren dentro de la esfera productiva: forma de producir y organizar la producción y la forma de establecer un orden en cuanto a la energía libidinal:

Relaciones de producción: organización de la producción en la división sexual del trabajo. Asignación de tareas y espacios, desiguales, y desigual reparto del producto del trabajo social.

Catexis: organización sexual heteronormativa del deseo. Asignación de la energía libidinal orientada hacia un objeto de deseo, mediante la represión de la emociones y la renuncia al cuerpo de otros hombres, en síntesis una economía deseo-afectiva de lo masculino.

Scott por otro lado nos aporta otros elementos que subyacen y hacen posible la estructura de género y por tanto hacen posible la estructuración de masculinidades como una serie de figuraciones universales de la sociedad humana, con la cual surgen tipos de identidad y acciones que son interiorizados y puestos en práctica, actuados y reactualizados constantemente en el transcurso de la vida.

El elemento simbólico es donde se establecen las formas de representación de los diversos órdenes de masculinidad; la masculinidad se torna un proyecto diferenciado y diferenciador de lo femenino; las formas de representación corresponde las formas arquetípicas o figuracionales de lo que la masculinidad representa, así se estructura una masculinidad hegemónica, la cual ordena la practica de valores, roles, discursos y formas de acción que definen lo masculino; La masculinidad hegemónica, no es un tipo de personalidad fija, siempre igual en todas partes. Se trata más bien de la masculinidad que ocupa la posición hegemónica en un modelo dado de relaciones de género, posición que es siempre discutible. (Connell; 2000:p116) En este sentido las otras masculinidades, es decir, las no hegemónicas, subyacen a esta estructura en una relación de complicidad y de subordinación, que les permite estructurar relaciones de género en tanto actúan ciertos valores respecto a las mujeres, pero su agencia esta subordinada a un tipo de masculinidad dominante, es decir son dominados en tanto no son la única masculinidad, pero son dominantes en tanto se sirven de la estructura patriarcal.

Lo normativo establece otra forma de ordenar la masculinidad, los valores, discursos y prácticas de masculinidad son interiorizados, permitiéndonos ver el proceso de conformación de la subjetividad o como lo denominaría Pierre Bourdieu Habitus , es decir las series de disposiciones duraderas que determinan nuestra forma de sentir, de construir y de preciar el mundo (Cfr, Pierre Bourdieu). Lo normativo disciplina al cuerpo y le asigna una forma y un sentido determinado, para lo masculino se estructuran ordenes, y valores que son representados al nivel de la corporalidad, en este caso la ciencia, las disciplinas, las artes o otras formas desde las cuales habla la cultura y la sociedad forman una serie de discursos y practicas corporales con las cuales se sintetiza lo que lo hombres son y lo que deben ser.

El nivel institucional operara en la conformación y organización de las estructuras del Estado y la Economía política; las relaciones de poder y dominación que subyacen subrepticiamente al Estado, permiten la dominación de lo masculino, toda vez que producción de bienes y la reproducción de la sociedad provienen del patriarcado como proyecto organizativo de la sociedad.

El nivel subjetivo sería la marca de la psique, el nivel particular, el lugar de la representación propia, donde lo interiorizado se expresa diferenciándose e identificándose en referencia a los modelos de masculinidad. Donde lo que se ha hecho cuerpo es puesto en práctica y es la forma discursiva con la que se expresa la identidad.

Teniendo en cuenta estos elementos la precuenta es ¿Cómo la sociedad establece una serie de pedagogías que definen los que los hombres deben ser y les permite ser reconocidos como tales?

La cuestión no es simple y siempre encontraremos mecanismos variables con los cuales los hombres acceden a este reconocimiento más allá del ámbito del reconocimiento primero del cuerpo sexuado y de la asignación genérica por parte del entorno

Sostengo la tesis que en el medio social existen modelos y agencias los cuales establecen los mecanismos de reconocimiento de las formas de masculinidad que se presentan; que son aceptadas, legitimadas y actuadas; es decir para adquirir la condición masculina más allá de la corporalidad sexuada, el medio social establece ciertas formas rituales que van moldeando la identidad y la pertenencia a un género; este proceso es constante y se da durante toda la vida, se afirma y se reafirma de acuerdo a la figuración masculina dominante o las agencias masculinas que imperen dentro del imaginario social.

Estos elementos rituales obedecen a una lógica formal en que los hombres entienden la masculinidad como parte de una narrativa cifrada oralmente, es decir existe un discurso de la masculinidad que impera y opera en el imaginario social y que es reproducido discursivamente como objeto de deseo, como forma de apropiación y de visión del mundo. Ser hombre en las sociedades contemporáneas es detentar una posición social, una forma cultural, y por ende una forma de poder frente a los otros que nos son parte del campo de la masculinidad.

Los rituales de la masculinidad se presentan de múltiples formas, cada uno con cierta especificidad, unificados por el contexto y la práctica propia de la masculinidad; operan pedagógicamente en la conformación de la identidad masculina; para efectos de este trabajo, me situaré en señalar algunas formas de manera general a través del relato de entrevistas realizadas a un grupo de jóvenes sociólogos de la FCPyS de la UNAM entre los 24 y los 28; me situare en aspectos meramente descriptivos en los cuales podemos ubicar ciertos discurso pedagógicos que se centran en el deber ser de la masculinidad, son algunos temas enfocados a la sexualidad, los, la percepción propia de la condición masculina, identidad y la referencialidad hacia la apropiación de la condición masculina.

Las formas diversas de ser hombre son el producto de la serie de discursos producidos por el entorno social; sin duda para cada uno de nuestros entrevistados ha sido fundamental para la apropiación de la identidad masculina los constantes reconocimientos que operan como conformadores del estatus masculino proveniente del cuerpo sexuado, sin embargo ninguno de ellos los circunscribe solamente a la genitalidad sino a toda un aserie de referencias discursivas que dictan la forma de ser hombre, así lo refríen dos de nuestros entrevistados;

K: “lo primero que me llego es la distinción que biológicamente he aprendido desde la biología…
pues es que en realidad no significa mucho mas que la diferencia sexual”

G: Un ser humano encargado que proveer las condiciones de alimento y vivienda, además de establecer las condiciones de reproducción de la especie. Compromiso y trabajo

E: Ahora más que nunca entiendo que ser hombre es una cuestión que trasciende el ámbito de la genitalidad. El ser hombre, como el ser humano, tiene su primer referente en la constitución del cuerpo. En la identidad como un ser masculino se deben contemplar lo que la sociedad predispone como rol al cuerpo del varón, frente a otros varones, frente a las mujeres.

Estas primeras respuestas engloban dos partes fundamentales del discurso universal sobre el ser hombre en nuestro tiempo; por una parte el ser hombre esta definido por la diferencia biológica de los sexos, teniendo como primer referente la corporalidad como verdad; mas adelante la forma de entender el ser hombre esta definida culturalmente con la figura del líder y del proveedor; la masculinidad se aprecia como una capacidad deóntica que donde se instaura un aprendizaje del ser hombre, ligado a las formas valorativas mediante las cuales, el orden biológico y el cultural establecen una serie de valores que han de ser adoptados y reproducidos por los sujetos masculinos.

Sin embargo persiste una crítica a las posiciones convencionales de la masculinidad, para algunos de nuestros entrevistados la masculinidad también puede ser otro tipo de actitud frente a los otros, es un modelo de aprendizaje constante, de intercambio de experiencias, donde se interfecta, los nuevos replanteamientos llevado a cabo por la transformación en el orden familiar, es por madres, hermanas o amigas, cuya función reside en un constante debate y replanteamiento de las posiciones diferenciadas entre hombres y mujeres; así lo constatan nuestros entrevistados:

L: Flexible y abierta ante las posibilidades de cambio. Muy liberal con respecto a las posibilidades, pero conciente de las contradicciones en que vivimos los hombres. Quizá así se sea más tolerante.

E: Con estos elementos como base he buscado replantearme mi masculinidad. No estoy cambiando de preferencias sexuales, me siguen gustando mucho las mujeres, pero no encuentro qué es esto de ser un hombre dentro de la sociedad. Así desde mi punto particular de vista y a lo más que he llegado en estos días digo que ser hombre es:”Un ser capaz de defender su honor a través de su trabajo y respetando lo que, con su palabra se ha comprometido. Un hombre debe ser capaz de tirar la piedra y, pero sobre todo, de no esconder la mano asumiendo las consecuencias. Debe ser capaz de darse a entender con las demás personas en el mundo para aclarar cualquier imprevisto de una manera pacifica. Todo hombre debe tener la fuerza suficiente para defender sus preferencias sexuales a la vez que respeta la de los demás”.

La preocupación se enfoca directamente con los nuevos planteamientos producto de la constante diferenciación social; si bien la masculinidad opera reduciendo complejidad y como un alto nivel de diferenciación, la búsqueda de un replanteamiento de su propia constitución esta ligada con un nuevo deseo de abrirse hacia una autonomía comprometida, es decir, la masculinidad tendría que pensarse más allá de una definición identitaria, como una agencia capaz de establecer nuevas formas de ser y comportarse, construyendo deconstruyéndose como parte de un proyecto de género, viable dentro del conglomerado humano a la vez que se aleje cada vez más del estereotipo del hombre fuerte y todopoderoso.

En nuestra cultura al hombre se le exige el uso legítimo de la fuerza y la autoridad para el dominio tanto de la naturaleza como del entorno social, este uso racional o no de la violencia provienen del orden patriarcal heteronormativo, que se justifica en el uso de la violencia como respuesta de fuerza y capacidad para dominar y controlar; este tipo de actitudes “naturales” presuponen la constitución de una distancia emocional para con los otros, la violencia a la vez que reafirma el carácter competitivo y dominante sirve para equilibrar la constitución del estatus masculino, en tanto se reafirma el grado de hombría.

Sin duda la violencia es un factor importante dentro del desarrollo de una pedagogía masculina, pues implica la interiorización de una serie de valores, que tienen que ver con el uso de la fuerza y el dominio sobre los otros; para nuestros entrevistados la violencia (en todas sus formas) es otro rasgo que se liga con la serie de valores masculinos; cada uno la percibe como una serie de relaciones que define cierto tipo de valores, cierto tipo de agencias, donde se implica seriamente la integridad masculina, donde el ser violento se vuelve garante para dirimir diferencias, reafirmando la ley del fuerte; es decir el uso de la fuerza como dominio y control; sin duda todas estas pautas son parte de un proceso donde los discursos de la hombría se ligan directamente, como constante que posibilita el reconocimiento de la detentación legitima de masculinidad; así por ello a los hombres se les enseña no llorar, ni a empotrar sus sentimientos, deben ser en cambio fríos y calculadores.
En este sentido al preguntarles sobre sus primeros recuerdos sobre la propia condición masculina, estos establecen una serie de demandas de las expectativas esperadas de lo que debe ser el comportamiento de un hombre y las demandas de la familia sobre la condición masculina:

O: La responsabilidad sobre mi familia, después del fallecimiento de mi padre; “tener muchas novias”; ser más fuerte que los demás; juntarme con varones, pues de lo contrario manifestaría debilidad; no llorar; casarme y tener hijos.
L: Aludiendo a que tenía novia. Porque hice trabajos manuales: excavar para unos cimientos. Diciendo que podía competir con otros en el deporte. Cuando bebí alcohol con otros amigos y discutí sobre mujeres. Porque cumplí una tarea que implicaba superar un pequeño espacio de bosque en la noche en un campamento. En la familia la hombría se reconocía al cumplir responsablemente con las tareas, especialmente las del cuidado del hogar, como afirmación de la propiedad sobre el espacio: limpiando el exterior de la casa, cuidando una mascota, podando los árboles… revisando que las condiciones del hábitat fueran las mejores posibles, pues.

Como podemos observar en las respuestas ser hombre en el contexto familiar implica llevar el control de la situación, hacer tareas mas fuertes, tener un comportamiento arrojado, demostrar la capacidad de la hombría teniendo una o mas parejas, ser valiente; y en otros contextos, aborreciendo a las personas con preferencia sexual distinta a la heterosexual; sin duda esto refleja como la pedagogía opera en las acciones de los hombres, considerándolas en parte como actividades de un sujeto consciente, y como actividades sociales producto del efecto del poder diferenciador de género.

Otro aspecto pedagógico de la masculinidad tiene que ver con los canales comunicativos y las agencias para con otros hombres; sin duda esto reviste un elemento importante a la hora del aprendizaje masculino, por que va en juego el reconocimiento simbólico del medio como sujeto masculino; el reconocimiento implica el detentar una determinada posición dentro del campo social, con lo cual las expectativas se reafirman y se vuelven parte estructurada de la personalidad. El ser hombre implica cierta relación con otros hombres, derivado de las expectativas y roles que son afines; así tenemos en cuenta que al ser reconocidos como hombres nuestros entrevistados pudieron entablar diálogos frente a otros hombres y asumirse como iguales:

K: Cuando bebemos alcohol; y solo en algunos círculos en los cuales la mayoría son machistas
R: Cuando platicas y flirteabas con una niña, peleando con niños mayores que uno
O: Cuando golpeé a un compañero de la primaria. Principalmente cuando hacía uso de la fuerza en contextos no familiares y cuando involucraban afectos en contextos familiares (principalmente del sexo opuesto).

Como podemos apreciar hay ciertas agencias que son reconocidas por otros hombres con lo cual se da por sentado que se es parte del conglomerado masculinos; como lo mencionan nuestros entrevistados, el ser hombre se expresa demostrando la capacidad para responder frente a otros hombres en defensa de la propia hombría (uso de la violencia física), demostrando fuerza, lo que implica un alejamiento emocional para con los otros (hombres y mujeres), siendo exitosos con las mujeres, por que ser hombre implica ser activos sexualmente; por que la compulsión sexual(manifiesta o discursiva) esta de manera directa vinculada con la idea de heterosexualidad por ser esta la forma valida de ser hombre en nuestro contexto cultural.

La idea de este tipo de masculinidad es parte también de los modelos figurativos encarnados en personajes o figuras masculinas cercanas las cuales proporcional una serie de elementos claves en la confirmación de la propia masculinidad, muchos de ellos encarnan los valores, creencias e ideologías mediante las cuales se va conformando un modelo de identidad masculina:

N: Wolverine, por la famosísima frase de “tratar de ser siempre el mejor en lo que haces”, en otro sentido por la actitud bastante distanciada frente a los demás, sin duda que esto tiene que ver con otra imagen de alguna novela que alguna vez leí sobre un ninja, lo significativo de este era que el ninja nunca se cansa, quizá todas estas sean figuras externas a las de mi circulo familiar inmediato, en el que yo no veía a mi papá como un ejemplo, de hecho estas figuras son todo lo contrario, aunque estos valores y nociones han estado presentes en el imaginario de mi familia, en tanto clase media comparte esta idea bastante ascética de dar el máximo esfuerzo para mejorar, tener una casa mas bonita, trabajar duro para ganarse la vida, etc… Esto me lleva, a una cosa, mi abuelo era el ejemplo [ya saben la típica historia del chavito de campo que viene a la ciudad y hace una lanota a base de trabajo y ahorro, además de que se construye un prestigio importante, es tan determinante que en la sala de mi casa hay un cuadro enorme en serio enorme de él y su legado es rememorado por todos] a seguir y su sentido fue retomado por mi madre, y en quien seguro no los percibió sino que hasta que los vi condensados en algo externo es que los pude objetivar.

E: Si claro, He-Man, Connan, Jesús Cristo y puros macanudos de esos que toman la armas en pro de la seguridad del grupo, tienen una serie de músculos bastante bien desarrollados. El gimnasio hace de los fuertes una especie de masa con belleza que promete una actividad sexual a la que ni una mujer se puede resistir. A los taimados como “El sagrado corazón” le debemos esta noción amable de los fuertes bondadosos que descargan toda su irracionalidad sobre el enemigo, que doblegan la figura de la mujer bajo un disfraz de “respeto” y “amor” al sexo débil, y que sólo la rezagan, nuevamente, al rol de ama de casa.

O: Fausto, James Bond, Batman, Michael Jordan. Si me preguntas quién no me parece masculino: David Beckham, Graham Norton, Phil Anselmo.


Estos personajes son la idea de masculinidad con la que nuestros entrevistados tuvieron contacto con cierto tipo de aprendizaje masculino, esos personajes de Comic´s o series televisivas, actores y cantantes de Rock and Roll, reflejan esos valores ofertados socialmente, ser el mejor, tener cierta distancia emocional, ser esforzado y leal, ser todopoderosos en todos los terrenos no ser femeninos ni poseer alguna característica femenina y tener prestigio (reconocimiento por parte del entorno social).


Siguiendo estas líneas va a ser parte importante en el aprendizaje pedagógico la sexualidad como orden de vida; la sexualidad masculina a pesar de la compulsión, es un tema aun incomodo y de cierta manera velado; aun así en las entrevistas pudimos observar que en un primer momento el inicio de la sexualidad se da con una relación con el propio conocimiento del cuerpo sexuado, y posteriormente revestido con una serie de discursos donde el patrón a seguir es la experiencia erótica heterosexual:

N: Sin duda jugando cuando era yo muy niño, como lo menciono mas arriba, las referencias hacia implicaciones sexuales basadas en las diferencias genitales entre mi madre/hermana padre/yo eran obvias y se fueron perfeccionando con el paso del tiempo, la interacción con mi hermana y con otras niñas y niños a mi alcance [léase típico juego del doctor o tactos con otros niños] me fueron dando referencias practicas, un hecho fundamental sería quizá el descubrimiento de una revista hard core en mi casa con lo cual los intereses se hicieron mas evidentes y las practicas mas intencionadas, tanto con un par de compañeras de la escuela como con mis primas [tenia muchas y son muy guapas jejeje]… esos fueron los inicios…

R: Contacto con niñas, leyendo libros y contacto propio

E: Supongo que te refieres a cómo fue que inicie mi vida sexual activa. De ser así, contestaré que yo la empecé de una manera discursiva. Si a los 11 o 12 años me di mi primer beso con una niña en la secundaria, más adelante me animé a tocarle la cinturita y un seno. Luego no tuve novia por mucho tiempo, pero tuve muchas amigas con las que se gestó una confianza enorme. Las relaciones que tuve con estas amigas no fueron de carácter carnal, el asunto filial quedaba en los linderos de la amistad sin cuerpo, pero que la convivencia ocurría en contarnos mutuamente nuestras sensaciones de cachondeo.
Yo les explicaba lo que sentía cuando se me endurecía el miembro y ellas trataban de explicarme acerca de sus humedades. Aquellas que ya no eran vírgenes, que ya habían logrado tener una experiencia de esas, que todos deseábamos conocer, se animaban a contarme las sensaciones que habían tenido. Así que creo que mi actividad sexual comenzó discursivamente.

La sexualidad junto al género constituyen los dispositivos de confluencia identitaria, la cual confirma a la masculinidad la orientación del objeto de deseo, pues define las agencias frente al propio cuerpo y al cuerpo de las mujeres, ejerciendo la heterosexualidad; estableciendo relaciones de poder; pero sobre será el elemento de distinción de masculinidades diversas, es decir entre hombres heterosexuales y no heterosexuales.

En el panorama de este trabajo parecería que la masculinidad como proceso social no ha variado mucho; esto tiene que ver con la estructura pedagógica de cómo se aprende a ser hombre, la estructura discursiva proveniente del orden patriarcal heteronormativo, configura la supremacía de lo masculino sobre lo no masculino; sin duda los pequeños avances en materia de equidad de género, son el resultado tanto del movimiento feminista, como de los nuevos ordenes de organización social entre hombres y mujeres; la diversificación de labores; la presencia cada vez mayor de mujeres en el ámbito educativo y profesional (aunque esto siempre ha sido patente, solo que hoy se reconoce institucionalmente) han hecho que la forma en que se organiza el género se transforme; sin embargo, pese a que hay una apertura y suele el discurso políticamente correcto incluir en el lenguaje y en todo las versiones masculinas y femenina, aun con ello se encubre la dominación de género, pues se persiste en las practicas, en las actitudes y en la manera en que se educa a la infancia.

No podemos dejar de lado el hecho de que la masculinidad es un orden de género, una forma de organizar lo social; es un proceso figuracionál que tiene implicaciones en la historia, la economía, la política, en general en todos los ámbitos de la esfera pública; pero aun sobre esto, estos nuevos enfoques permiten observar los cambios en la estructura discursiva y en ciertas practicas; no hay que dejar de lado, que en el contexto de este trabajo, nuestros sujetos de entrevista, tienen una formación universitaria y han estado en contacto (ya sea en el medio familiar y en el educativo) con ciertos discursos de la perspectiva de género y no se pretende reflejar la posición de la masculinidad dominante, sino una aproximación; reconozco que nuestro entrevistados, pertenecen a las masculinidades no hegemónicas, comparten ciertas actitudes, y valores, aunque hay en ellos una actitud de cambio frente a los ordenes clásicos de género; ellos se perciben como sujetos masculinos de determinada manera y plantean un modelo de masculinidad con el cual ellos estarían de acuerdo:

Su percepción sobre la masculinidad es:

O: Después de un proceso de aprendizaje altamente reflexivo como lo es el de aprender sociología, el significado de “ser hombre” ha devenido intransparente y sin embargo, observando mi conducta, persisten algunos caracteres qua, a mi parecer definen el significado término en mi vida cotidiana, aun cuando se mantengan como expectativas futuras:
a.Autocontrol,
b.Control de la situación.
c.Autoimagen (pues hay un proceso reflexivo sobre la fachada que se quiere dar a conocer: con relación a los estereotipos asociados con homosexuales, metrosexuales e hipermachos principalmente, distinguiendome de ellos.


L :A estas alturas de mi juventud, de mi formación, me atrevería a decir que ser hombre es mantener una posición de ecuanimidad ante los otros, hombres y mujeres, manteniendo relaciones respetuosas y tolerantes. Para mí ser hombre implica un cuidado de sí mismo, en alimentación, vestimenta, salud y preparación académica. Como ve, no está desligado de las prácticas aprendidas en 24 años, de mis contextos medianamente privilegiados. No estoy seguro de que para mí conlleve una idea de fortaleza física (muscular), pero con certeza la idea de un dominio de las ideas y del discurso. Eso se debe a mi trayectoria. El punto es que las exclusiones que efectúo intento matizarlas, que sean lo menos violentas posibles.

E: Ahora más que nunca entiendo que ser hombre es una cuestión que trasciende el ámbito de la genitalidad. El ser hombre, como el ser humano, tiene su primer referente en la constitución del cuerpo. En la identidad como un ser masculino se deben contemplar lo que la sociedad predispone como rol al cuerpo del varón, frente a otros varones, frente a las mujeres.


Significan las practicas masculinas:

O: Si te refieres a autoafirmarme en función de los discursos anteriores, cuando cumplía o incumplía con las expectativas que dichos discursos suponen: cuando llegaba a pelearme con compañeros de la escuela, al ejercer actividades físicas como algún deporte, al realizar actividades relacionadas con el hogar (reparación, mantenimiento, etc) que realizaba mi padre.

L: Como la afirmación de un cuidado de la imagen, sin acartonamientos y con una mínima distancia con las modas. Prioritariamente me la significo como una dimensión de cambios, flexible, en la cual se puede experimentar. A estas alturas ya no puedo dejar de sociologizarla,

E: Supongo que sólo son. La persona, como concepto, se puede entender como si fuese el puente entre lo que sucede en el mundo subjetivo y los que se encuentran en el entorno de la sociedad. Lo que has estado preguntando tiene que ver con el marco valorativo sobre el que cada uno de tus entrevistados se ha formado como persona, poniendo énfasis sobre las valoraciones que denotan la participación genérica de los hombres en tanto que son masculinos. ¿No es precisamente eso lo complejo de estas preguntas? ¿Qué las preguntas obedecen a elementos netamente abstractos y que, la forma en que están planteadas, también tienen nociones muy complicadas?, “Significas”, “las prácticas masculinas” me hace preguntar ¿si la masculinidad es algo que se siga con un método conciente?
Me siento hombre, soy masculino y lavo los trastes por la mañana. Barro la casa tratando de hacerlo como mi mamá, no porque se vea bonito sino por que creo que así es más fácil. Cuando me llegan a dar ganas de cocinar lo trato de hacer igual que mi papá o mi hermano, por que hasta donde recuerdo, ellos tienen un buen sazón. Tuve una novia que me dijo hasta el cansancio que a ella siempre le pareció que yo era bisexual, y a la fecha lo sigue pensando pero ya no es mi chica.
Ahora no encuentro manera de significar una práctica como masculina. Hace mucho que las mujeres manejan taxis, participan en la policía, fuman cigarrillos y hasta dicen groserías. Hace mucho que los hombres lavan su ropa, arreglan su casa y cuidan su imagen frente al espejo con la exactitud que marca el estereotipo. Parejas que una vez que se separan deciden que los niños pequeños se queden bajo el cuidado y la responsabilidad del papá. Yéndose la mamá a comenzar otra vida en algún otro lugar del mundo. La familia entera se está redefiniendo.

Piensan que la masculinidad debiera ser:

K: plurales, abiertos y sin prejuicios (aunke esta muuuy cabron) porque no hay una cultura tan grande respecto a la pluralidad entre sexos opuestos

G: Una persona que puede sentir y compartir sentimientos sin miedo a ser tachado como gay.

E: Supongo que me gustaría mucho no tener que ser el creativo al momento de ligarme a una chica. Ellas siempre esperan a que el hombre proponga el café donde estarán y, en gran parte, las fiestas y lugares que visitarán. Esto al principio de la relación. Sigue estando presente el asunto de que “él pague todo”, y de noche la lleve hasta su casa así sean las 5 de la mañana y no haya como transportarse. Es como si un hombre, al momento de querer a una chica, estuviese haciéndose de una responsabilidad enorme.
No estoy de acuerdo con esta manera de ser masculino, pues el esfuerzo es grande y luego no es difícil pensar que, después de semejante inversión, uno se hace acreedor a una chica multi-funcional ideal para la casa. Esto de amar siendo hombre es muy complicado. La felicidad no debería tener tantos requisitos.

En estos fragmentos podemos apreciar la continuidad y las transformaciones del sujeto masculino, sin duda la percepción inicial indica la forma de apropiarse de la identidad y los valores masculinos, al diferenciar roles y actitudes, la corporalidad y las tareas del hogar. En un segundo memento las practicas adquieren relevancia, aunque las tareas del hogar se han diversificado, aun persiste un dejo de hacer las cosas como algo ajeno a lo masculino; si bien manifiestan una redefinición del ámbito familiar, refuerzan los valores masculinos en la significación corporal, y en las expectativas que esperan de ellos la familia y la sociedad. Un tercer momento es lo que ellos piensan debe ser la masculinidad, sin duda hay una intenciónde pluralidad en las relaciones de género, desean que sea flexible, que pueda aflorar el sentimiento, sin que por ellos sean catalogado como gay´s, siguen pensando en la heterosexualidad como forma en que ha de manifestarse la orientación de la elección del objeto de deseo; están dispuestos a compartir funciones, pero no se observa un cambio fuera de los patrones hegemónicos; si apelan al cambio, pero sin renunciar a los privilegios de los que se sirve toda masculinidad.

La transformación en las relaciones de género es un proyecto a largo plazo, los pequeños avances permiten vislumbrar nuevas formas de organización como proyectos de humanidad, pero aun debemos ser cuidadosos con los discursos que celebran la por que aun persiste de manera radical las tensiones, aunque parecen que se pluralizan, en realidad se están radicalizando en las practicas cotidianas.

Bibliografía:

José María Valcuende del Río y Juan Blanco López, editores, Hombres: la construcción cultural de las masculinidades /Madrid: Talasa, [2003]

Connell, Robert William, Masculinidades,(traduccion, Irene Ma. Artigas): UNAM, Programa Universitario de Estudios de Genero, 2003

Seidler, Victor J,(Vericat, Isabel Traductora) La sinrazón masculina: masculinidad y teoria social, México : UNAM, Programa Universitario de Estudios de Genero, 2000

Pierre Bourdieu ; (traducción . de Enrique Martin Criado), Cuestiones de sociología Madrid, España: Istmo, 2000
Elías, Norbert, (traducción Gustav Muñoz) Sociología fundamental, Barcelona: Gedisa, 1982

No hay comentarios:

Publicar un comentario